Luis Salazar, Evaluador de Conformidad Ambiental (ECA)
Ingeniero Ambiental UPLA | Magister (c) en gestión de la Construcción y Sustentabilidad -USS | Ingeniero de Proyectos en GreenRiver
1. ¿Por qué te motivaste a postular a la instancia de ser ECA?
Cuando entré a GreenRiver, que es una ETCA autorizada por la SMA, entendí rápidamente que uno de mis primeros desafíos profesionales iba a ser iniciar el proceso para acreditarme como ECA. No fue algo impuesto, sino más bien un paso natural dentro del contexto de la empresa y del trabajo que ya estaba desarrollando.
En ese momento ya contaba con la experiencia profesional necesaria, tanto en terreno como en gabinete, participando en procesos de seguimiento ambiental, inspecciones y verificación documental de compromisos ambientales. Por eso, más que una aspiración a largo plazo, lo vi como una oportunidad de formalizar una experiencia que ya tenía, pero ahora con un respaldo institucional.
Una de las principales motivaciones fue también aportar a visibilizar una figura que todavía no está tan instalada en Chile. Creo que el rol del ECA le da mayor peso, seriedad y autonomía a las inspecciones en terreno y a las verificaciones documentales, y permite entregar resultados más claros y confiables, tanto para los clientes como para la autoridad.
En ese sentido, postular a ser ECA fue una decisión coherente o en línea con el tipo de trabajo que hace GreenRiver y con el camino profesional que quiero seguir dentro de la empresa.
2. Desde el lado de los titulares, el ECA suele percibirse inicialmente como un costo adicional. Sin embargo, su rol apunta a reducir riesgos regulatorios asociados a información débil, inconsistencias técnicas o incumplimientos mal gestionados. ¿Cómo puede el trabajo de un ECA ayudar a una empresa a gestionar mejor su cumplimiento ambiental y sus riesgos regulatorios?
Es cierto que desde el punto de vista de los titulares, el rol del ECA suele percibirse inicialmente como un costo adicional. Sin embargo, cuando se comprende su alcance esa percepción cambia. Más que un costo, el trabajo del ECA termina siendo una inversión, ya que contribuye directamente a reducir riesgos regulatorios asociados a información débil, inconsistencias técnicas o incumplimientos mal gestionados.
El ECA ayuda a la empresa a gestionar mejor su cumplimiento ambiental al traducir las exigencias regulatorias y los instrumentos de gestión ambiental a un lenguaje operativo y verificable, conectando lo que la normativa exige con lo que realmente ocurre en la operación. Esto permite que el titular y su equipo ambiental tengan mayor claridad sobre qué se espera en términos de cumplimiento, cómo debe evidenciarse y qué aspectos pueden representar riesgos regulatorios si no se abordan oportunamente.
En la práctica, una evaluación de conformidad ambiental permite identificar brechas operacionales, documentales y de trazabilidad de manera anticipada, antes de que estas se transformen en observaciones de la autoridad o en procesos sancionatorios. Esto facilita una gestión más preventiva, ordenada y planificada del cumplimiento ambiental, en lugar de una respuesta reactiva frente a contingencias.
Además, al tratarse de una evaluación independiente realizada por una figura autorizada por la Superintendencia del Medio Ambiente, el ECA entrega un diagnóstico objetivo que permite priorizar brechas, focalizar recursos y fortalecer los sistemas internos de gestión ambiental. De esta forma, la empresa gana mayor control sobre su cumplimiento y reduce la incertidumbre frente a escenarios regulatorios complejos.
En ese sentido, el ECA no reemplaza a la autoridad ni al equipo ambiental interno, sino que actúa como un apoyo técnico estratégico, que aporta claridad, objetividad y anticipación, ayudando tanto al titular como a su equipo ambiental a gestionar de mejor manera el cumplimiento ambiental y sus riesgos regulatorios.
3. Aunque el trabajo del ECA es técnico, sus efectos no lo son. La calidad de la información ambiental influye en la fiscalización, en la toma de decisiones públicas y en la percepción de las comunidades respecto del desempeño ambiental de los proyectos.
Desde tu perspectiva, ¿cómo impacta el rol del ECA en los territorios y en la relación entre proyectos, autoridad y ciudadanía?
Si bien el trabajo del ECA es técnico, su impacto va mucho más allá del ámbito normativo. La calidad, consistencia y trazabilidad de la información ambiental influyen directamente en la forma en que la autoridad fiscaliza y en cómo los proyectos son percibidos en los territorios.
Desde esa perspectiva, el ECA aporta confianza al sistema. Al producir informes con una mirada objetiva e independiente sobre el desempeño ambiental de un proyecto, se reduce la incertidumbre y se fortalecen las bases técnicas sobre las cuales se construyen las relaciones entre el titular, la autoridad y el entorno.
En los territorios, esto cobra especial relevancia cuando los procesos de evaluación de conformidad se realizan de manera voluntaria. En esos casos, los resultados del ECA pueden ser comunicados a las comunidades, no como una herramienta defensiva, sino como un ejercicio de transparencia. Esto permite explicar con mayor claridad cómo se está gestionando el cumplimiento ambiental y qué acciones se están tomando para corregir brechas.
En ese sentido, el rol del ECA puede contribuir a mejorar la relación entre los proyectos y las comunidades aledañas, ayudando a generar mayor confianza y a disminuir tensiones que muchas veces surgen por falta de información clara o verificable. Todo esto, siempre desde una posición técnica y objetiva, que le da legitimidad al proceso en el territorio.
Finalmente, cuando una Evaluación de Conformidad Ambiental concluye con la emisión de un Certificado de Conformidad Ambiental por parte de GreenRiver, en su calidad de ETCA autorizada, este puede ser exhibido y comunicado a la comunidad como un respaldo técnico del cumplimiento ambiental del proyecto. Esto permite fortalecer la confianza y los lazos con las comunidades aledañas, al demostrar que el desempeño ambiental ha sido evaluado de manera objetiva e independiente.
4. Tu formación como Ingeniero Ambiental y tu especialización en sostenibilidad de la construcción dialogan con un enfoque cada vez más integrado del cumplimiento ambiental, donde lo técnico y lo operativo se cruzan con la gestión. ¿Qué tipo de formación y experiencia consideras necesarias para desempeñarse correctamente como Evaluador de Conformidad Ambiental?
Para desempeñarse correctamente como Evaluador de Conformidad Ambiental creo que se requiere una combinación equilibrada entre formación técnica, experiencia práctica y capacidad de gestión. Desde la formación considero fundamental contar con una base sólida en ingeniería ambiental o alguna disciplina afines, que permita comprender los componentes ambientales, la normativa aplicable y la lógica de los instrumentos de gestión ambiental.
A esa base técnica se suma de manera muy relevante la experiencia en terreno. Haber trabajado en proyectos o empresas directamente en obra y en operación, o mejor dicho, donde las papas queman. Esto permite entender cómo se implementan realmente las exigencias ambientales, cuáles son las limitaciones operativas y dónde se generan las brechas entre lo comprometido y lo ejecutado.
Esa experiencia es clave para que la evaluación de conformidad sea realista, aplicable y técnicamente sólida, incorporando una comprensión adecuada del contexto del titular, pero aplicando siempre con rigurosidad los criterios y exigencias de la autoridad.
Junto con ello, la experiencia en gabinete sigue siendo fundamental. La revisión documental, la sistematización de compromisos, el análisis de evidencias y la trazabilidad de la información permiten complementar lo observado en terreno y dar sustento técnico a los hallazgos. Además, en caso que el titular no los tuviera, es importante establecer medios de verificación documental suficientes para el análisis de la conformidad.
Por otro lado, considero relevante incorporar una mirada desde la gestión. El ECA no solo evalúa cumplimiento puntual, sino también sistemas, procesos y capacidades operacionales. En ese sentido, la experiencia en gestión de proyectos, planificación, seguimiento y mejora continua aporta un valor importante a la evaluación.
Finalmente, un buen ECA debe desarrollar criterio, independencia técnica y habilidades de comunicación. Ser capaz de levantar hallazgos desde la realidad del terreno y explicarlos de forma clara, objetiva y constructiva es clave para que la evaluación de conformidad se traduzca efectivamente en mejoras concretas en la gestión ambiental del proyecto.
5. Tu rol como ECA se enmarca en actividades de inspección, bajo estándares como la NCh-ISO/IEC 17020. Eso sitúa la evaluación en un plano distinto al de la consultoría o la auditoría interna clásica. Desde tu experiencia, ¿qué cambia cuando la evaluación se realiza bajo lógica de inspección y no como revisión interna del propio titular?
Cuando la evaluación se realiza bajo una lógica de inspección, conforme a estándares como la NCh-ISO/IEC 17020, cambia principalmente el enfoque y el nivel de exigencia del proceso. A diferencia de una revisión interna del propio titular, la inspección se basa en criterios definidos, verificables y aplicados de manera independiente, lo que fortalece la objetividad de los resultados.
En este contexto, el ECA no evalúa desde una lógica de apoyo interno o de mejora voluntaria, sino desde un rol técnico externo, con reglas claras, trazabilidad de evidencias y una separación explícita entre quien evalúa y quien es evaluado. A esto se suma el cumplimiento estricto de principios como la confidencialidad de la información, lo que resguarda los antecedentes del titular y fortalece la confianza en el proceso.
Además, la lógica de inspección obliga a que la información esté correctamente respaldada. No basta con que una medida esté implementada, debe ser demostrable, verificable y coherente con lo comprometido en los instrumentos de gestión ambiental. Esto eleva el estándar del cumplimiento y mejora la calidad de la información ambiental.
Desde mi experiencia, este enfoque también cambia la relación con el titular y su equipo ambiental. La evaluación deja de ser percibida como una revisión interna flexible y pasa a ser un proceso estructurado, transparente y predecible, lo que finalmente aporta mayor certeza regulatoria y fortalece la gestión del cumplimiento ambiental del proyecto.
6. Tus alcances autorizados incluyen, entre otros, gestión de residuos sólidos en suelo/litósfera y emisiones atmosféricas fugitivas y difusas. Son materias operativas, con alta exposición a observaciones regulatorias. ¿Qué particularidades técnicas presentan estos alcances en términos de evidencia, trazabilidad y criterios de conformidad?
Los alcances asociados a gestión de residuos sólidos y a emisiones atmosféricas fugitivas y difusas tienen la particularidad de estar fuertemente vinculados a la operación diaria del proyecto, por lo que su evaluación requiere un alto nivel de detalle en términos de evidencia y trazabilidad.
En el caso de la gestión de residuos sólidos en suelo/litósfera, uno de los principales desafíos es asegurar la coherencia entre lo comprometido, lo ejecutado en terreno y lo documentado. La evidencia no se limita a contratos o manifiestos, sino que incluye registros de generación, segregación, almacenamiento temporal, transporte y disposición o valorización final. La trazabilidad debe ser continua y verificable, permitiendo seguir el residuo desde su origen hasta su destino final, sin vacíos de información.
En cuanto a las emisiones atmosféricas fugitivas y difusas, la evaluación presenta una complejidad distinta, ya que muchas veces no existe una medición directa permanente. En estos casos, el énfasis está en la verificación de medidas operacionales de control, tales como humectación, confinamiento de fuentes, mantención de caminos, velocidad de tránsito, uso de supresores de polvo, entre otras. La evidencia se construye combinando observaciones en terreno, registros operacionales, procedimientos y, cuando corresponde, indicadores de desempeño.
En ambos alcances, los criterios de conformidad no se basan únicamente en la existencia de documentos, sino en la consistencia entre la documentación, la implementación efectiva en terreno y la capacidad del titular de demostrar control operacional. Por eso, la evaluación requiere una mirada integrada, que permita identificar brechas reales de cumplimiento y no solo desviaciones formales.
Desde la perspectiva del ECA, estas materias exigen especial rigurosidad, ya que son ámbitos con alta exposición a observaciones regulatorias. Una evaluación bien fundamentada, con evidencias claras y trazables, permite reducir la incertidumbre regulatoria y fortalecer la gestión ambiental del proyecto en aspectos críticos de su operación.
En evaluaciones de gestión de residuos sólidos, ¿dónde aparecen con mayor frecuencia las brechas entre lo planificado y lo ejecutado?
En evaluaciones de gestión de residuos sólidos, las brechas entre lo planificado y lo ejecutado aparecen con mayor frecuencia en la etapa operativa y, sobre todo en la trazabilidad posterior. Muchas veces los planes están bien formulados, pero su implementación en terreno no se mantiene de forma consistente en el tiempo.
Una brecha habitual por ejemplo es la segregación en origen, donde por presión operativa o rotación de personal los residuos terminan mezclándose, afectando tanto la valorización como la correcta disposición final. A esto se suman brechas en el almacenamiento temporal, principalmente en señalización, orden, control de derrames y estandarización de prácticas.
Otro punto crítico es la gestión documental y la trazabilidad histórica. En no pocos casos, tanto la autoridad como el ECA solicitan respaldos asociados a periodos anteriores, por ejemplo, de uno o más años atrás. Cuando los sistemas de gestión documental del titular no están adecuadamente estructurados, esos documentos no logran ser recuperados, lo que interrumpe o anula la trazabilidad, aun cuando en terreno se observe un buen nivel de cumplimiento.
En esos escenarios, aunque la exigencia pueda visualizarse como correctamente implementada en la operación actual, la ausencia de respaldo documental verificable impide acreditar formalmente la conformidad. Desde la lógica de inspección, la conformidad no se basa solo en la percepción o en la observación puntual, sino en la capacidad del titular de demostrar el cumplimiento de manera consistente y trazable en el tiempo.
Finalmente, también se observan brechas en la articulación con gestores externos, ya sea por contratos desactualizados, cambios en rutas o destinos finales no reflejados en los registros, o falta de verificación del cumplimiento del gestor. Este tipo de desajustes, aunque operativos, son los que con mayor frecuencia derivan en observaciones regulatorias.
En general, las brechas no suelen estar en la planificación, sino en la consistencia, continuidad y respaldo documental de la ejecución, especialmente en contextos de alta carga operativa.
Desde el rol ECA, ¿qué exige una evaluación seria de medidas de control y mitigación de emisiones fugitivas y difusas?
Desde el rol del ECA, una evaluación seria de medidas de control y mitigación de emisiones fugitivas y difusas exige ir más allá de la declaración de medidas y centrarse en su implementación efectiva, continuidad en el tiempo y capacidad de demostración.
En primer lugar, se requiere verificar que las medidas comprometidas estén correctamente definidas y sean coherentes con las fuentes de emisión identificadas. Esto implica revisar procedimientos, planes operacionales y criterios técnicos que expliquen por qué una medida es adecuada para el tipo de emisión que se busca controlar.
En segundo término, la evaluación exige una verificación en terreno consistente, que permita constatar que las medidas, como humectación, control de velocidad, confinamiento de fuentes, mantención de caminos, uso supresores de polvo, se aplican de forma sistemática y no solo de manera puntual o reactiva.
Un aspecto crítico es la evidencia y la trazabilidad. Dado que muchas emisiones fugitivas y difusas no cuentan con mediciones directas permanentes, el control se demuestra a través de registros operacionales, bitácoras, mantenciones, frecuencias de aplicación y, cuando corresponde, indicadores de desempeño. La ausencia o debilidad de estos respaldos limita la posibilidad de acreditar conformidad, aun cuando la medida pueda observarse en terreno.
Finalmente, una evaluación seria considera la capacidad de gestión del titular para sostener estas medidas en el tiempo, incluyendo recursos, responsabilidades claras y mecanismos de seguimiento. Desde la lógica de inspección, la conformidad se alcanza cuando existe coherencia entre lo comprometido, lo ejecutado y lo demostrable, reduciendo así la exposición a observaciones regulatorias.
7. En el sistema ambiental chileno y los cambios que está viviendo ¿Cómo ves la evolución del rol del Evaluador de Conformidad Ambiental en los próximos años y qué desafíos ves para el sistema?
Veo que el rol del Evaluador de Conformidad Ambiental está llamado a crecer y consolidarse en los próximos años, a medida que el sistema ambiental chileno se vuelve más exigente, más técnico y más orientado a la trazabilidad y al respaldo de la información. En ese contexto, la evaluación independiente del cumplimiento va a tener cada vez más peso dentro del sistema.
Creo que el rol del ECA también va a avanzar hacia una mayor especialización. No solo en materias específicas como residuos, emisiones u otros componentes ambientales, sino también en la forma en que se levanta evidencia en terreno. Hoy existen herramientas que pueden aportar mucho a ese proceso, como el uso de drones, que permiten apoyar las inspecciones, documentar condiciones operacionales y verificar áreas extensas o de difícil acceso, siempre como un complemento al criterio técnico y no como un reemplazo.
Junto con esto, la formación continua va a ser clave. No necesariamente a través de un postgrado formal en todos los casos, pero sí mediante cursos, diplomados y capacitaciones que permitan profundizar en alcances específicos, actualizarse frente a cambios normativos y responder a la creciente complejidad de los proyectos.
En cuanto a los desafíos del sistema, veo principalmente la necesidad de mantener criterios consistentes entre evaluaciones, fortalecer la calidad y trazabilidad de la información ambiental y lograr que el rol del ECA sea entendido no solo como un mecanismo de control, sino como una herramienta que aporta orden, certeza y mejora en la gestión del cumplimiento.
En resumen, imagino un ECA cada vez más especializado, apoyado en tecnología, con una base técnica sólida y con un rol más visible y mejor integrado al funcionamiento del sistema ambiental chileno.





